El 2025 del Oviedo: del ansiado ascenso al peligro del descenso
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
El año 2025 quedará grabado en la memoria del oviedismo como uno de esos puntos de inflexión que marcan una época. 12 meses que condensaron euforia, alivio, dudas, decisiones difíciles y, sobre todo, la sensación de que el club volvió definitivamente al mapa del fútbol grande.
El Real Oviedo vivió en este periodo el sueño largamente perseguido del ascenso a Primera División y, casi sin tiempo para celebrarlo, la dura realidad de una temporada en la élite marcada por la lucha por la permanencia. Un viaje emocional intenso que obligó al club a mirarse al espejo y a pensar en su futuro con ambición, pero también con realismo.
El ascenso a Primera División en la temporada 2024-25: el fin de una larga espera
La temporada 2024-25 comenzó para el Real Oviedo con un objetivo claro pero prudente: competir por estar arriba sin generar una presión excesiva sobre un grupo que ya había rozado el ascenso en campañas anteriores. Sin embargo, desde las primeras jornadas se percibió que aquel equipo tenía algo diferente. Más allá de los resultados, el Oviedo transmitía solidez, madurez y una identidad muy definida, construida a partir de un bloque compacto y una afición que volvió a creer de verdad.
El Carlos Tartiere se convirtió en un fortín. Cada partido en casa era una demostración de fe colectiva, con una grada entregada que empujaba al equipo incluso en los momentos más grises. Fuera de casa, el Oviedo aprendió a competir, a sumar cuando no podía ganar y a resistir cuando el contexto se volvía adverso. Esa regularidad fue clave para mantenerse durante toda la temporada en los puestos altos de la clasificación.
El tramo final del campeonato fue una prueba de nervios. La igualdad en la parte alta obligó al Oviedo a llegar a las últimas jornadas con el margen justo, sabiendo que cualquier error podía ser definitivo. Fue ahí donde el equipo mostró su crecimiento mental. Lejos de encogerse, asumió la presión como parte del camino y respondió con actuaciones serias, sin alardes, pero con una enorme eficacia.
El ascenso se vivió como una liberación colectiva. No era solo volver a Primera División; era cerrar una herida abierta durante décadas, recuperar una identidad que parecía perdida y demostrar que el proyecto tenía sentido. La ciudad se volcó con celebraciones multitudinarias y una sensación compartida de orgullo. El Real Oviedo regresaba al lugar del que nunca debió salir, aunque todos sabían que lo más difícil estaba aún por llegar.

La temporada 2025-26 en Primera División: adaptación, sufrimiento y lucha por la salvación
El estreno del Real Oviedo en Primera División en la temporada 2025-26 fue tan ilusionante como complejo. El salto de categoría se notó desde el primer día. El ritmo, la calidad individual de los rivales y la exigencia táctica obligaron al equipo a adaptarse a marchas forzadas. Los primeros partidos dejaron destellos positivos, pero también evidenciaron carencias estructurales que en Segunda quedaban disimuladas.
A nivel deportivo, el Oviedo apostó inicialmente por mantener la base del ascenso, reforzándola con incorporaciones puntuales. La idea era clara: no traicionar la identidad que había llevado al éxito. Sin embargo, la realidad de la Primera División fue implacable. Los errores se pagaban caros y los partidos se decidían en detalles mínimos. La falta de pegada y ciertas fragilidades defensivas comenzaron a pasar factura.
Los resultados irregulares generaron tensión y, con ella, llegaron los cambios. El primer relevo en el banquillo fue una decisión dolorosa pero entendida como necesaria. Paunovic, el entrenador del ascenso, dejó el cargo tras una racha negativa que había situado al equipo peligrosamente cerca del descenso. Su salida marcó el final de una etapa muy querida por la afición, pero también el inicio de un nuevo intento por encontrar soluciones.
Carrión, el nuevo técnico, trajo un enfoque más pragmático. El Oviedo pasó a ser un equipo más conservador, priorizando el orden defensivo y la competitividad por encima del juego vistoso. Los empates empezaron a sumar y devolvieron la esperanza. Aun así, la lucha por la salvación fue constante, con el equipo moviéndose durante meses en un margen mínimo entre la permanencia y el descenso.
La presión afectó al rendimiento de algunos jugadores, mientras otros dieron un paso al frente y se consolidaron como referentes en la élite. El Tartiere volvió a jugar un papel fundamental, convirtiéndose en un escenario de partidos tensos, cerrados, en los que cada punto se celebraba como un pequeño triunfo. La afición entendió que aquella temporada no iba de brillo, sino de resistencia.
En el tramo final de este 2025, el desgaste físico y mental obligó a tomar nuevas decisiones, incluso con ajustes en el cuerpo técnico y en la planificación deportiva. El objetivo sigue siendo claro: llegar con opciones reales a las últimas jornadas y depender de uno mismo. El Oviedo no se rinde y pelea cada partido como si fuera una final, reflejando el carácter de un club acostumbrado a sobrevivir en contextos adversos.
Mirando al futuro: incertidumbre y esperanza para la campaña 2025-26
Más allá del desenlace definitivo de la temporada, el año 2025 dejó al Real Oviedo frente a una encrucijada. El club demostró que podía volver a Primera División, pero también comprobó la enorme dificultad de asentarse en ella. El futuro inmediato pasa por decisiones estratégicas: definir un proyecto deportivo estable, elegir al entrenador adecuado para liderarlo y reforzar la plantilla con criterio, sin perder la esencia.
La experiencia de este año ha servido como aprendizaje. El Oviedo ya no es un recién llegado ingenuo, sino un club que sabe lo que cuesta competir en la élite. Con una estructura más sólida y una afición comprometida, la campaña 2025-26 se presenta como una oportunidad para crecer, corregir errores y aspirar a algo más que la mera supervivencia.
Sea cual sea el camino, 2025 quedará como el año en que el Real Oviedo volvió a sentirse grande, incluso en medio del sufrimiento. Porque, a veces, crecer también significa aprender a resistir.
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