Así se vivió la edición 2026 del Mundial de fútbol
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
El 19 de julio de 2026 quedará eternamente grabado con letras de oro en los anales de la historia del deporte. El imponente y vanguardista MetLife Stadium de Nueva York/Nueva Jersey, abarrotado hasta la bandera con almas expectantes, fue el escenario perfecto donde la Selección de España se alzó con su segunda Copa Mundial de la FIFA tras la conseguida en 2010. Venciendo a una heroica y siempre competitiva Argentina en una final agónica que requirió de 120 minutos para resolverse (1-0), ‘la Roja’ ha consolidado una de las dinastías más formidables de la época moderna.
Este Mundial, el primero de la historia organizado de forma tripartita por Estados Unidos, México y Canadá, y pionero en expandir sus fronteras a 48 selecciones participantes, prometía ser un experimento faraónico para la FIFA. Tras más de un mes de pura devoción, desgaste físico y fútbol de máximo nivel, es el momento idóneo para ejercer el periodismo de perspectiva: desmenuzar si el colosal nuevo formato cumplió con las elevadas expectativas, repasar los instantes que nos robaron el aliento, evaluar a los mejores jugadores del planeta y rendir pleitesía a los gigantes que destrozaron los libros de récords.
El formato de 48 equipos: ¿éxito rotundo o desgaste innecesario?
El gran debate previo al pitido inicial en junio radicaba en la atrevida reestructuración de la competición. El salto de 32 a 48 equipos generó bastante escepticismo inicial entre los puristas: ¿se diluiría la calidad y la competitividad en la fase de grupos? ¿Se llenaría el calendario de partidos de mero trámite?
Hoy, con el trofeo ya en Madrid, el veredicto presenta matices fascinantes pero tiende al positivismo. Por un lado, la inclusión de una fase de grupos extendida y un nuevo escalón de eliminatorias (los dieciseisavos de final) nos otorgó una auténtica maratón de fútbol. Esta expansión permitió a naciones emergentes como Cabo Verde, Haití o Curazao codearse con la realeza del deporte, aportando un colorido en las gradas y una imprevisibilidad táctica que enriquecieron las primeras dos semanas de torneo. Hubo goleadas pronunciadas y diferencias de nivel evidentes, pero también presenciamos hazañas de pura mística, como la resistencia de los propios caboverdianos, quienes sacaron un histórico 0-0 ante la futura campeona, España, en el partido inaugural del Grupo H.
A medida que el despiadado embudo de las eliminatorias directas se estrechaba, la élite tradicional europea y sudamericana reafirmó su dominio absoluto. Sin embargo, el sistema de 48 selecciones cumplió su propósito diplomático y comercial: democratizar la fiesta del fútbol y expandir el interés televisivo a rincones inéditos. A nivel puramente deportivo, este formato de alta exigencia premió de forma justa a las plantillas más completas y profundas, demostrando que en el fútbol contemporáneo ya no basta con un once estelar; se requiere de un banquillo capaz de cambiar el destino de un partido en el minuto 80 bajo el calor asfixiante del verano norteamericano.
Momentos clave: dramatismo con calidad de Hollywood

Si de algo fue provisto este Mundial, fue de una narrativa rebosante de épica. El clímax, naturalmente, se vivió en la gran final. El choque entre la vigente campeona europea y la defensora del título mundial fue un ejercicio de ajedrez y tensión. España monopolizó el esférico y asedió sin piedad, disparando hasta 20 veces frente a unos pálidos 2 intentos de la Albiceleste. Pero enfrente estaba el muro de Emiliano ‘Dibu’ Martínez, quien con unas monumentales 11 atajadas llevó a su país a la prórroga.
El punto de no retorno de la final llegó en el tiempo de descuento de la segunda mitad, cuando el mediocampista Enzo Fernández fue expulsado tras recibir su segunda tarjeta amarilla por una dura entrada sobre el joven Pau Cubarsí. Ya en la prórroga, con una Argentina exhausta y con 10 hombres, Ferran Torres cruzó un disparo letal en el minuto 106, desatando la histeria colectiva y otorgando el campeonato a los ibéricos.
La épica no se limitó al partido decisivo. El duelo por la medalla de bronce (el tercer y cuarto puesto) se transformó instantáneamente en un clásico generacional. En el Miami Stadium, Inglaterra desdibujó a Francia con un asombroso marcador de 6-4. Fue un intercambio de golpes trepidante, coronado por un sensacional hat-trick de Bukayo Saka, garantizando para los ‘Three Lions’ su mejor actuación mundialista desde su legendario título en 1966.
La tabla de goleadores: choque de titanes
El gol es la moneda más valiosa de este deporte, y la batalla por la codiciada Bota de Oro fue un duelo individual apoteósico. El cierre estadístico nos dejó una clasificación liderada por los astros más letales del momento.
Con apenas 27 años, Kylian Mbappé reclamó el premio al máximo artillero. Aunque su combinado nacional no alcanzó la final, el astro francés anotó dos goles cruciales en la final de consolación frente a Inglaterra, permitiéndole superar en el último suspiro a Lionel Messi, quien terminó con 8 dianas. Asimismo, el noruego Erling Haaland demostró que su instinto depredador es inmune a los escenarios, castigando las redes rivales en 7 ocasiones en su ansiado debut mundialista.
Galardones individuales: el metrónomo y el muro
- Balón de Oro Rodri España. El premio más prestigioso fue para el arquitecto indiscutible de ‘la Roja’. A pesar de no registrar goles ni asistencias, Rodri lideró el torneo en pases completados, kilómetros recorridos e impacto en el juego. Su clínica actuación defensiva para secar a Lionel Messi en la final pasará a los manuales tácticos.
- Balón de Plata: Lionel Messi (Argentina). El eterno capitán sudamericano completó un torneo fabuloso, cargando con la responsabilidad ofensiva de los subcampeones mundiales hasta el último suspiro.
- Balón de Bronce: Kylian Mbappé (Francia).
- Guante de Oro: Unai Simón (España). Infranqueable y sereno bajo los palos.
- Mejor Jugador Joven: Pau Cubarsí (España). Con 19 años, exhibió una madurez digna de un veterano de mil batallas.
Los libros de récords hechos añicos
Además de la gloria colectiva, el torneo norteamericano fue una trituradora de estadísticas históricas que transformarán nuestra concepción del certamen:
- La defensa perfecta: la selección dirigida por Luis de la Fuente se consagró campeona concediendo un único gol en toda la competición. Este récord de solvencia defensiva establece un listón prácticamente insuperable para futuras generaciones.
- Mbappé, el máximo goleador histórico: con su decena de goles, Kylian Mbappé escaló hasta la inverosímil cifra de 22 goles en Copas del Mundo, destrozando el mítico récord absoluto de 16 tantos que ostentaba el artillero alemán Miroslav Klose.
- Las murallas de Simón: Unai Simón firmó 7 porterías a cero, pulverizando por dos el anterior récord en una sola edición. Ahora acumula 9 en su carrera mundialista, quedando a un solo encuentro imbatido de empatar la marca histórica absoluta de Fabien Barthez y Peter Shilton (10).
- Juventud al poder: los españoles Lamine Yamal y Pau Cubarsí se alzaron como el cuarto y quinto adolescente en los casi 100 años de historia del torneo en pisar el césped de una Gran Final.
- Experiencia inestimable: el técnico español Luis de la Fuente, a la edad de 65 años y 28 días, desbancó a Vicente del Bosque para convertirse en el entrenador más veterano en conquistar la máxima corona.
- Hegemonía absoluta: España logró un hito sin precedentes para el fútbol europeo: ser el primer país en ostentar simultáneamente la Copa del Mundo masculina (2026) y la Copa del Mundo femenina (2023).
Mientras los ecos de las celebraciones resuenan desde Cibeles hasta el corazón de Manhattan, el Mundial 2026 nos deja una certeza irrefutable. A pesar de los miedos sobre su colosal formato, el torneo preservó la esencia competitiva que lo hace el evento más grande del planeta. España reafirmó que el fútbol elaborado rinde frutos, premiando al colectivo por encima de las individualidades. Norteamérica 2026 no solo coronó a un merecido rey, sino que reescribió las páginas del mañana.
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