Los Knicks coronan una temporada histórica
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
La bocina final sonó en el AT&T Center de San Antonio y, a más de 2.000 kilómetros de distancia, las calles de Manhattan estallaron en un grito contenido durante más de medio siglo. La temporada 2025-26 de la NBA ya es historia, y lo es en el sentido más literal y grandilocuente de la palabra. Ha sido el año de la redención en la Gran Manzana, el año en el que un equipo de gladiadores neoyorquinos conquistó el trofeo Larry O’Brien.
Pero esta campaña no solo será recordada por el anillo de los New York Knicks. Ha sido un curso baloncestístico que ha terminado de confirmar el cambio de guardia en la liga, consolidando a estrellas jóvenes, coronando por segundo año consecutivo a Shai Gilgeous-Alexander como el monarca individual indiscutible, y regalándonos narrativas deportivas inolvidables.
El fin de la maldición: los Knicks vuelven al trono
Nadie creía a James Dolan. El siempre escrutado propietario de los Knicks lanzó un órdago en el mes de enero, en pleno bache de resultados tras una racha de 2 victorias y 9 derrotas, cuando declaró en la radio local: «Tenemos que llegar a las Finales, y deberíamos ganarlas». Las dudas resonaron en cada rincón de la liga. ¿Ganar el campeonato con Mike Brown —un entrenador despedido cuatro veces en su carrera— al mando? ¿Con Jalen Brunson, un base de 1,88 metros, como piedra angular del proyecto?
Cinco meses después, Dolan ha reído el último. Los New York Knicks son los campeones de la NBA tras derrotar a los pujantes San Antonio Spurs por 4-1 en las Finales. Han tenido que pasar 53 largos años, desde los tiempos de Walt Frazier y Willis Reed en 1973, para que el techo del Madison Square Garden volviera a prepararse para colgar un estandarte de campeones.

El camino a la gloria estuvo cimentado en la resiliencia táctica y en un traspaso sísmico. La llegada de Karl-Anthony Towns en un movimiento de gran calibre, que muchos tildaron de arriesgado por su presunta falta de dureza defensiva, demostró ser la pieza maestra del rompecabezas. Towns ancló la pintura, silenció a sus críticos y abrió la pista, permitiendo que la ofensiva neoyorquina fluyera hasta consolidarse como una de las más eficientes de la liga.
Sin embargo, el rostro definitivo de este campeonato es el de Jalen Brunson. El base ha destrozado el añejo mito de que no se puede ganar un anillo con un jugador pequeño como principal arma ofensiva. Su consagración absoluta llegó en el definitivo quinto partido de las Finales en San Antonio, donde, en terreno hostil, firmó una actuación antológica de 45 puntos para cerrar la serie con un ajustado 94-90. Concluyó los playoffs validando su estatus como uno de los mejores jugadores del planeta y como una leyenda absoluta en la ciudad que nunca duerme.
Shai Gilgeous-Alexander: un MVP para los libros de historia
Si los Knicks han sido los reyes a nivel colectivo, el trono individual de la temporada regular tiene un dueño indiscutible. Shai Gilgeous-Alexander ha firmado una campaña que desafía la lógica y coquetea directamente con el panteón de los dioses del baloncesto. El base de los Oklahoma City Thunder se ha convertido en el decimocuarto jugador en la historia de la liga, y el séptimo en este siglo, en ganar el premio Kia NBA MVP de forma consecutiva.
Los números de SGA en la 2025-26 son una obra maestra de la eficiencia y el volumen: 31,1 puntos, 4,3 rebotes y 6,6 asistencias por partido. Pero más allá de los promedios tradicionales, Gilgeous-Alexander ha reescrito los libros de récords. Rompió la mítica marca de Wilt Chamberlain de más partidos consecutivos anotando 20 o más puntos, y se convirtió en el primer jugador desde el propio Chamberlain en registrar más de 20 puntos en todos y cada uno de los partidos de fase regular que disputó.
Por si fuera poco, se unió a Michael Jordan como los únicos exteriores en la historia en promediar más de 30 puntos con un 50% de acierto en tiros de campo durante cuatro años seguidos. Como guinda al pastel, su impacto superlativo en los finales apretados le valió también el galardón al Jugador Más Clutch del Año, registrando el mejor +/- de toda la NBA (+788).
San Antonio y Oklahoma City: el salvaje Oeste
El éxito de Gilgeous-Alexander impulsó a sus Thunder a un espectacular récord de 64-18, asegurando con puño de hierro la primera plaza de la Conferencia Oeste. Sin embargo, los playoffs volvieron a demostrar que el Oeste es una trituradora implacable. Allí emergieron los San Antonio Spurs.
Con un balance de 62-21 en temporada regular, el equipo texano pisó el acelerador en la postemporada. En unas Finales de Conferencia trepidantes y extenuantes, los Spurs lograron derrocar a los favoritos Thunder. Aunque terminaron cayendo en la eliminatoria por el anillo frente a la experiencia y el hambre de los Knicks, el futuro parece pertenecer a estos Spurs, quienes han dejado claro que están listos para ser la franquicia dominante de la próxima década.
Sorpresas, novatos y tiranía europea
La temporada regular dejó historias fascinantes más allá de los contendientes al título. En la Conferencia Este, la mayor y más grata sorpresa fue el milagroso resurgir de los Detroit Pistons. Apoyados en un esquema granítico que los encumbró como la mejor defensa de la liga, el equipo de Míchigan finalizó como el primer sembrado del Este con un rotundo récord de 60-22. Su sueño, no obstante, terminó en la segunda ronda al caer en una durísima serie a siete partidos frente a los Cleveland Cavaliers.
En cuanto al talento de nueva generación, la temporada presenció el nacimiento oficial de una nueva superestrella. Cooper Flagg, cumpliendo con las estratosféricas expectativas depositadas en él desde el instituto, se llevó el premio al Novato del Año con total autoridad. Promediando 21,0 puntos, 6,7 rebotes y 4,5 asistencias, el joven alero demostró una polivalencia y madurez impropias de su edad.
Por su parte, la vieja guardia europea siguió imponiendo su tiranía estadística. El mago esloveno Luka Dončić volvió a ser un sistema ofensivo en sí mismo, alzándose con el título de máximo anotador de la liga al promediar la friolera de 33,5 puntos por encuentro. Paralelamente, Nikola Jokić continuó jugando al baloncesto como si de una partida de ajedrez se tratara, liderando a la NBA tanto en rebotes (12,9) como en asistencias (10,7).
La campaña 2025-26 pasará a los anales como un punto de inflexión definitivo. Las dinastías de la década pasada han cedido el testigo de forma permanente. Hoy, la NBA es un ecosistema salvaje, rebosante de talento generacional y más impredecible que nunca. Y mientras las calles de Nueva York siguen celebrando, el resto de franquicias ya estudian cómo asaltar un trono que, en esta nueva era, jamás estará a salvo.



